La hidrocefalia es una condición médica en la que se acumula líquido cefalorraquídeo (LCR) en los ventrículos del cerebro, provocando una presión anormal que puede dañar los tejidos cerebrales. El LCR es un líquido claro que rodea y protege el cerebro y la médula espinal, además de desempeñar funciones clave como amortiguar golpes, eliminar desechos metabólicos y aportar nutrientes. Sin embargo, cuando su producción, flujo o absorción se altera, se produce un desequilibrio que lleva a la acumulación del líquido.
Tipos de hidrocefalia
La hidrocefalia se clasifica principalmente en dos formas: congénita y adquirida.
1.Hidrocefalia congénita: Aparece al nacer o se desarrolla durante el embarazo debido a anomalías en el desarrollo del sistema nervioso. Puede ser causada por:
- Malformaciones congénitas como el síndrome de Dandy-Walker o el mielomeningocele (una forma de espina bífida).
- Infecciones prenatales como toxoplasmosis o citomegalovirus.
2.Hidrocefalia adquirida: Se desarrolla después del nacimiento y puede ocurrir a cualquier edad. Las causas incluyen:
- Infecciones como meningitis o ventriculitis.
- Hemorragias cerebrales, especialmente en bebés prematuros o en adultos tras un traumatismo craneal.
- Tumores cerebrales que bloquean el flujo del LCR.
- Lesiones traumáticas que dañan los ventrículos o las vías de drenaje del líquido.
Causas según el mecanismo
Además, según la forma en que se produce la acumulación de líquido, la hidrocefalia puede dividirse en:
- Obstructiva (no comunicante): Ocurre cuando algo bloquea el flujo normal del LCR, como un tumor o una malformación.
- Comunicante: Aquí, no hay obstrucción en el flujo del LCR, pero el problema radica en la reabsorción del líquido en las vellosidades aracnoideas.
- Hidrocefalia de presión normal (HPN): Afecta principalmente a adultos mayores y cursa con síntomas progresivos como demencia, dificultad para caminar e incontinencia urinaria.
Síntomas comunes
Los síntomas de la hidrocefalia varían según la edad y la rapidez con la que se acumula el LCR:
- En recién nacidos y niños pequeños:
- Crecimiento anormalmente rápido de la cabeza (macrocefalia).
- Fontanela anterior (mollera) abultada o tensa.
- Irritabilidad, vómitos y dificultades para alimentarse.
- Retrasos en el desarrollo motor o cognitivo.
2.En niños mayores y adultos:
- Dolor de cabeza persistente, generalmente peor por la mañana.
- Náuseas y vómitos.
- Problemas de visión, como visión borrosa o pérdida de visión periférica.
- Alteraciones en el equilibrio, la coordinación o la marcha.
- Cambios en la memoria, el pensamiento o el comportamiento.
3.En adultos mayores con hidrocefalia de presión normal:
- Dificultad para caminar, descrita como "marcha magnética" (pasos cortos y arrastrados).
- Incontinencia urinaria.
- Problemas cognitivos, a menudo confundidos con demencia.
Importancia del diagnóstico temprano
El reconocimiento precoz de la hidrocefalia es clave para prevenir complicaciones graves, como daño cerebral permanente. Si bien puede parecer una condición compleja, los avances en neurocirugía y tecnología médica permiten un diagnóstico más preciso y opciones de tratamiento personalizadas para mejorar la calidad de vida de los pacientes.